Cuando escuchaba la palabra Kamasutra, pensaba inmediatamente en el libro de posturas sexuales. Pero en su esencia, el Kamasutra es algo mucho más profundo: es un texto filosófico sobre el amor, el deseo, la intimidad y el sentido de la vida humana.
Esto es algo que me dejó muy intrigada y, cuando me pasa eso, siempre quiero saber su historia y entender cuál es el sentido de todo.
Un poco de historia
El Kamasutra fue escrito hace más de mil años por Vatsyayana, un filósofo y erudito brahmán que entendía el deseo como una dimensión legítima y equilibrada de la vida humana.
No era un manual de posturas, sino parte de los śāstras (textos de conocimiento), y pertenece específicamente a los kāma-śāstra, tratados sobre el deseo.
En la India clásica se hablaba de cuatro metas de la vida humana:
- Dharma → conducta ética, deber
- Artha → prosperidad, trabajo, recursos
- Kāma → deseo, placer, amor, disfrute de la vida
- Moksha → liberación espiritual
El Kamasutra se inscribe en ese marco: reflexiona sobre kāma como parte legítima de la existencia humana.
No era un manual erótico, sino una reflexión sobre cómo los seres humanos pueden vivir plenamente: trabajar, amar, disfrutar, vincularse y buscar la espiritualidad. El sexo aparece ahí no como algo sucio o vergonzoso, sino como parte natural de la existencia.
En India, el placer y el deseo no siempre han estado asociados a culpa.
Esta es una de las cosas más lindas que leí respecto a la sexualidad: es vista como energía vital, una fuerza que nos mueve, nos conecta y también puede ser un camino espiritual. El cuerpo no es enemigo del alma: es su casa.
La India real: belleza y contradicción
Esto no quita que India sea un país machista. India, en muchos aspectos, me da la sensación de contradicción: es como si se juntaran dos mundos diferentes que conviven y no sé hasta qué punto conectan. Pero como dicen por ahí, no es contradicción: es historia.
Aunque se siente la energía Shakti, se percibe en sus diosas la fuerza del universo femenino y en los textos tántricos la mujer puede ser vista como mediadora de lo sagrado, sigue predominando un patriarcado marcado por la discriminación hacia la mujer y su sexualidad, como se refleja en textos como el Manusmriti: dote, restricción sexual, matrimonios arreglados, entre muchas otras cosas.
Aun cuando la mujer no es demonizada como en el cristianismo o el islam, el patriarcado es real, con violencias y restricciones.
No puedo dejar de pensar en que el Kamasutra reconoce el deseo femenino como parte de la naturaleza humana, pero eso no significa que la India actual sea un paraíso de liberación sexual. El país es profundamente contradictorio: espiritualidad elevada, pero también estructuras sociales patriarcales.
Los templos de Khajuraho: piedra que habla de deseo
Debo ser sincera: mi morbo me llevaba a pensar que los templos de Khajuraho, conocidos como “los templos del Kamasutra”, eran explícitos y llenos de figuras eróticas. Pero la verdad es otra.
Son una arquitectura llena de figuras milenarias: animales, dioses, escenas de la vida cotidiana, historias y celebración de la existencia en todas sus formas. El erotismo aparece como parte de lo sagrado, como recordatorio de que el mundo material precede a la renuncia espiritual, metáfora de la unión masculino/femenino, Shiva/Shakti, humano/divino.
No son decoración “porno medieval”. Son cosmología tallada en piedra.
Allí aparecen amantes abrazados, miradas cómplices, cuerpos encontrándose.
No están hechos para provocar morbo, sino para recordar que somos seres sensibles, corporales y espirituales al mismo tiempo.
Los templos fueron construidos entre los siglos X y XI por la dinastía Chandela.
Sexo, energía y espíritu
En algunos de mis días en India, conversando con personas de allá, escuché que el sexo no es solo un acto físico. Tiene un significado más profundo, casi mágico: una tríada.
El sexo es vida, porque crea vida.
Es placer y disfrute.
Y también puede ser encuentro con tu espíritu: conexión con la consciencia y, para algunos, la llegada al nirvana.
India es profunda, inexplicable, compleja, muchas veces incomprensible.
Por eso India debes vivirla. No es posible contarla.